Mejor hecho que perfecto: El poder de empezar

Desde que empezo la pandemia, varias personas me animaron a escribir artículos, pero
siempre encontraba una excusa para postergarlo. Que no tenía suficiente tiempo, que debía
investigar más, que aún no estaba lista. Este año, la oportunidad apareció otra vez y, como
en un reflejo automático, volví a sentir esa resistencia. Hasta que recordé una conversación
con una amiga y colega. En medio de nuestras charlas sobre proyectos y desafíos, ella me
dijo una frase que quedó dando vueltas en mi cabeza: «Mejor hecho que perfecto».
¿Cuántas veces nos pasa esto? Nos proponemos algo, lo pensamos, lo estructuramos,
buscamos información… y al final, lo dejamos para después. Queremos hacerlo perfecto y,
sin darnos cuenta, terminamos sin hacerlo. Nos quedamos atrapados en ese limbo entre la
intención y la acción.
A veces, detrás de esta parálisis está el famoso síndrome del impostor. Esa sensación
incómoda de que, por más que nos esforcemos, no somos lo suficientemente buenos.
Aunque tengamos pruebas de nuestra capacidad, algo en nuestra mente nos dice que no es
suficiente, que podríamos hacerlo mejor, que alguien más lo haría de manera impecable. Y
ahí es donde nos frenamos. El término síndrome del impostor lo acuñaron las psicólogas
Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. En un principio, lo identificaron en mujeres de alto
rendimiento, pero con el tiempo se vio que afecta a personas de todos los ámbitos. Y suele
aparecer cuando nos enfrentamos a algo nuevo, algo que nos desafía y nos saca de
nuestra zona de confort. Ahí es cuando surgen las dudas, la ansiedad, la tensión en los
hombros y hasta el insomnio.
Pero si podemos notar esos pensamientos, reconocer esas emociones y darnos cuenta de
los patrones que se repiten, podemos romper el círculo. Porque al final, lo que realmente
nos hace avanzar no es la perfección, sino la acción.
Cuando miré hacia atrás, recordé momentos en los que, a pesar del miedo, simplemente
me lancé. Y aunque en su momento me sentí insegura, en cada una de esas experiencias
aprendí y crecí. Nada de eso fue perfecto, pero fue real, fue un paso adelante.
Así que decidí escribir este artículo y compartirlo. Sin esperar que fuera impecable, sin
quedarme atrapada en la duda. Porque si quiero comunicar algo, generar impacto o aportar
valor, la única forma es sacarlo de mi cabeza y traerlo a la realidad.
Ahora te pregunto a vos:
¿Qué proyecto o idea venís postergando por miedo a que no sea perfecto?
¿Qué creés que podría pasar si simplemente lo hacés?
¿Cómo te sentirías si hoy das el primer paso?
Recordá que la perfección es una meta inalcanzable, pero el crecimiento y la mejora
constante son totalmente posibles. Así que, mejor hecho que perfecto: da el primer paso y
construye sobre la marcha. ¡El momento es ahora!

Melisa Randazzo
Lic. y Prof. en Psicología- MP 12408
Psicoterapeuta cognitivo conductual integral
Especialista en Terapia de Esquemas